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EL NEGOCIO DE LA PASIÓN

No, no nos referimos al oficio más antiguo del mundo, sino a esa pasión que llevamos por dentro por la cuál nos desvelamos, gastamos dinero, nos peleamos con amigos e inclusive derramamos lagrimas ya sea de alegría o de tristeza, nos referimos pues a la pasión del deporte, causa noble que en un inicio solo pretendía poner a prueba las habilidades de las personas tal cual lo dice el slogan de las olimpiadas “Citius, Altius, Fortius” que quiere decir “más rápido, más alto, más fuerte”, pero hoy dista mucho del propósito inicial, hoy son otros valores lo que define las justas deportivas: política, cultura y sobre todo la economía son los pilares sobre los que se erigen templos deportivos y eventos mundiales que al parecer cada vez se alejan más rapado, más alto y más fuerte de sus valores iniciales.

Imagina que ahorras durante meses para poder comprar un boleto para la final de la champions league ( para muchos la mejor competencia del mundo en cuestión de futbol ), aparte de la entrada pagas vuelos, reservación den hotel, comidas y traslados, llegas al estadio, te vistes con tu jersey original y los colores en la cara de tu equipo favorito solo para que después de 90 minutos de un partido donde ambos equipos jugaron a defenderse el marcador sea 0-0 y se defina en penales donde todos fallaron y sólo el que anotó uno gana la final, sería o equivalente a ver una pelea donde nadie se golpea y al final un boxeador se lastima un pie y pierde por descalificación, ¿hubo espectáculo?, no, ¿les importa?, no, ¿hubo derrama económica?, sí, millones y millones de dólares se movieron para los clubes quienes estaban más preocupados por no perder que por dar un buen espectáculo, a eso es a lo que llamamos “el negocio de la pasión”.

Muy tema aparte los atletas olímpicos ( al menos en México ), que sabemos que el sistema no siempre los cobija como a los rockstars que pudieran ser los futbolistas, quienes ya estando consagrados en primera división o siendo llamados a la selección en ocasiones tienen más desplantes de diva que la misma Maria Félix, muchas veces solapados por nosotros mismos los aficionados quienes los acostumbramos exigiendo lo mínimo y a su vez ponemos en sus botines responsabilidades sociales, morales,  económicas y culturales de toda una nación.

Pero, si conocemos el truco del mago, ¿porqué seguimos cayendo?, pues porque eso es lo grande del deporte, que en ocaciones hay un chispazo, hay un momento en que ese atleta supera lo humano, supera las probabilidades de lo alcanzable y vivimos las transmisiones esperando ese segundo donde alguien hace lo que no se puede, lo que no se debe y nos hace gritar, nos hace perdonar, nos hace olvidar la corrupción de las federaciones, el doble moralismo de las organizaciones, las injusticias de carácter racial, de género o sociales, todo se pone en pausa cuando vemos a Cristiano levantarse para cabecear un centro imposible, cuando vemos a Federer ganas un Gran Spam más sobre contendientes casi 15 años menores que él, cuando vemos gimnastas logrando un 10 con una rutina humanamente imposible para nosotros quienes observamos la televisión con un sandwich en la mano.

Al final somos como una pareja tóxica cuando después de idas y venidas perdonamos perdonamos y olvidamos todo, engañándonos de que ahora sí es la buena, de que ahora sí cambiarán y rogamos una alegría, rogamos que nos cambien la realidad nacional sólo un momento, sólo 90 minutos, como dijera el mejor narrador de México en la actualidad:

«Tantas veces te pedí una desgraciado, tantas veces. He vomitado bilis por ti, se me ha caído el pelo por ti, tengo nervio por ti, voy al psiquiatra por ti y hoy, hoy por fin apareces, maldita sea… por fin apareció Giovani, Doctor. Dijimos, este es el Giovani de las masas, hoy Giovani venía mejor, apapachamos a Giovani, lo acariciamos. Gracias, Giovani. ¡PERDÓNAME, VOCE!»

Escucha este tema en nuestro Podcast Brand Pitt.